RODRIGO ALEJANDRO MEDINA HERNÁNDEZ

A lo largo de estos 40 años se han realizado diversos actos, acciones y menciones en diversos lugares y momentos.
Aquí algunos de ellos.

En recuerdo de un amigo que no ha partido.

Cuando el día se detuvo

Guardamos sin quererlo, en un viejo baúl, recuerdos de esos años y de antes, los recuerdos y vivencias están ahí, a veces se escurren en la retina del olvido, pero lo que no se aleja nunca de nosotros, y permanece con un sabor capaz de matar el olvido, son los aromas de los muchos años atrás, lejos de la memoria, que nos marcaron y resurgen con olor a ese olvido que no fue y no será jamás.Era sino ayer cuando nos juntábamos y sentados en la vereda de la vida, en Arturo Medina, al frente, nuestra casa, o la de tus primos queridos, esperando pasar el tiempo de una adolescencia que resistió a quedarse con nosotros, y así también escapamos del calor tranquilo de nuestras casas, de la rutina cotidiana, que para entonces jugábamos a la vida con la adultez que ya llegaría impuesta por nuestros propios sueños.El hogar, nuestro hogar, así sin un minuto de respiro, pasó a ser la tarea y el compromiso político, del compromiso y la revolución, de los pololeos y las tareas del período, que fuimos aprendiendo como una carrera desbocada, de lecturas interminables, circulares de dialéctica, el historicismo y el ser y la nada. Leer era un placer para solo conversarlo, y la palabra sería acción y rebeldía. Así se fueron plasmando exigencias y disciplinas de lo que vendría más allá de los rituales escolares.Te recuerdo con tu madre adorada, tus abuelos, con tus primos y tu hermano… nos reíamos y preparábamos la aventura con la seriedad de quienes no supimos de la adolescencia en la plenitud de lo plural y diverso.Mientras jugábamos a ser nosotros, como un impulso terrenal nos arrojó en la contingencia, aunque no existía esa palabra, mas todo era estratégico, de las luchas incansables del poder popular y la revolución que leímos en libros mojados por la lluvia de los paraderos, aquello de la herejía de una filosofía y política era la provocación de la rebeldía, eso sería nuestra biblia libertaria.Así pasarían los días, entre amores y adolescencia, entre militancia y carcajadas, entre el cariño y la corrida de un gato perseguido, o el abrazo de un cigarro compartido. No supimos de adolescencia, la combatimos con la seriedad del terror que llegaría, nos anticipamos a la muerte viviendo a pedazos procesos que serían días por años.Así como si nada, el recuerdo vivido, de una pichanga o la pelota que arrancaba, o el sueño de la marcha y el brazalete de trofeo; asi asomaban apareciendo como un compromiso revolucionario.Recuerdo tu energía en reírse y hablar de Sartre o a los condenados de la tierra, no había tiempo o sí lo hubo en exceso para ser maduros de la infancia que se fue entre nuestras manos, y el terror que se asomaba y que daría la lección de la cobardía.Era de tarde y caminábamos esperando la impaciencia del conversar y reírnos como siempre. Aspirantes, militantes secundarios, estudiantes revolucionarios y la marcha con un grito y nuestros puños combativos, de sentirse abriendo las alamedas que solo se abrirían y tocarían el metal atroz del odio y la venganza.Quién podría tomar en serio tu amenaza, rebelde y alegre, de una adolescencia que se fue entre las manos, entre las vidas que no brotaron con la primavera.Rodrigo, caminas y nosotros te esperamos, con el cariño serio de la coyuntura, abriendo los sueños de ser mejores como el Che, y el grito de guerra, de aquellas que serán de luchas ancestrales, por la liberación de los pueblos.La irreverencia era tu doctrina de una libertad y dignidad bien cuidada, con la disciplina de la lucha cotidiana. Así pasaban los años, y nuestra pelota olvidada saltaría en el olvido de la madurez de un niño que se fue.Éramos militantes de infancias y adolescencia que como un torbellino absorbía cada palabra escrita de los que desafiaban el poder dominante. El pueblo era el invitado de nuestras consignas, y así nos fuimos desfilando contra la muerte y la dominaciónRodrigo, recuerdo el frío, triste y romántico, con el que el tiempo se detuvo. Todos fuimos amigos queridos, y no tuvimos el tiempo de conversar sobre nosotros, la vida nos exigía ese compromiso, o quizás nos olvidamos de la vida, y entonces el sacrificio, casi como impulso vital, desafió todos los poderes.No hablábamos de nosotros, dominados por la historia y la decisión de la acción y la palabra; nos fuimos quedando grabados de batallas y combates archivados en nuestros ojos; de pequeñas luchas callejeras; de tomas y retomas en los liceos de esos años.Recuerdo como ayer la mano helada y tibia del compromiso, el abrazo y el hasta siempre. El cigarro de nunca acabar y nuevamente el compromiso.Nadie podría detenernos, era tanta la fuerza de la convicción que solo bastábamos nosotros. No necesitábamos a miles, solo la amistad transformada en combate…Rodrigo amigo tu madre y nuestros viejos eran nuestros protectores, el cariño de sus preocupaciones serían mas tarde el dolor irrenunciable, cuando por la vida había que luchar hasta el desangre de las tristezas.Rodrigo, estás aquí con nosotros, después de cuarenta años nuestras calles y recuerdos, de olores y esperanzas vuelve a nacer, con nuestro años, más cansados, aprendiendo a vivir por el desierto que dejaron esos años, de amor, cariño y rebeldía.

Alvaro Erazo, Mayo 2016